Ya nada pasa en el bar. Aunque se partan los tacos y suenen las botellas.
Poco importa el vidrio o la madera o esa asquerosa selección musical...
Todo me suena a nada y el alcohol no me genera el efecto necesario...
Solo me hace pensar... Claro, esa puta costumbre de leer personas y de qué carajo sirve saber que todos están frustrados frente a ese maldito alambrado electrificado entre el deseo y esta asquerosa realidad.
En segundo plano pensar estupideces graciosas. Todo para evitar el chiste peor contado: hablar en serio. Hablando en serio somos el peor arlequín y no hay reyes en esta corte. Solo el miedo al ridículo coqueteando con el ridículo mismo y esa puta costumbre de pensar.
Leer personas con frustraciones pero no sirve. El deseo no me deja leer lo que quiero y la realidad no me deja de decir que soy analfabeto, que si no lo fuera no estaría acá; la madera, el vidrio quebrándose y las risas... La puta selección musical... Y el alambrado electrificado...
Y el deseo que no se cumpla mejor, luego el deseo no es tal... Porque cuando el deseo se hace realidad... Se hace realidad... ¡Realidad! Esa puta máquina imparable, llamada realidad.
Porque ambos trabajan en conjunto, el deseo como cáncer comiendo tus celulas y la realidad comiendo tus deseos de la manera más maligna posible. Ese el gran chiste, hablando en serio.
lunes, 14 de septiembre de 2015
martes, 8 de septiembre de 2015
Despertar eternamente
La habitación fue usurpada... El espanto huyó despavorido, porque sin darse cuenta él se va y nos deja convertidos en entes... o cuerpos...
Cuerpos petrificados en semen seco, en ácaros. Y las cucarachas ya no asustan mientras no toquen...
Vaya a saber por cuanto tiempo. Porque el espanto huye de a capas. Bruscamente pero de a capas.
Solo vivirá siempre en la fibra más fuerte, sí, la que se activa al despertar.
Eternamente despertar es el infierno. El infierno de saber que no hay Mañana.
Es aquel dios al que adoramos sin apartarnos de nuestro credo. Corremos tras él como retardados.
Salmodia la gran mentira cada día o tarde o noche. Igual da cuando ya no se distingue.
Ahí llega el espanto, demonio ancestral para no dejarnos volver a cerrar los ojos por las próximas... ¿Cuántas horas? ¿Qué importa? ¿De qué sirve contarlas?
En vano cuando nunca terminan porque siempre empiezan con una gran mentira y se derriten para hacernos dar cuenta de que con ellas nos estamos volviendo inexistentes, vanos. Una hora más, alguien más que pasa por la ventana, alguien más que se desvanece en esta nada. Nada Tiempo para las horas, Nada espacio para las almas que mutan en cuerpos avejentándose.
Por eso que eternamente despertar es el infierno. Prender la luz y esa foto en sepia que se proyecta en la pared, mejor dicho... desde la pared.
Respirar sepia y decir "Una hora más. Alguien más. Nada Tiempo. Nada Espacio. Y así continuamente" Cada día buscando una forma a la diapositiva, hija de la lluvia, de los caños de ¿quién sabe? harán dos años.
¿Qué habré hecho para merecer esto? ¿Quién soy yo para saberlo?
Si no hay castigo más tortuoso que aquel sin juicio previo, sin razón aparente.
Ya no importa no hay misterio. Por eso despertar eternamente es el infierno.
Cuerpos petrificados en semen seco, en ácaros. Y las cucarachas ya no asustan mientras no toquen...
Vaya a saber por cuanto tiempo. Porque el espanto huye de a capas. Bruscamente pero de a capas.
Solo vivirá siempre en la fibra más fuerte, sí, la que se activa al despertar.
Eternamente despertar es el infierno. El infierno de saber que no hay Mañana.
Es aquel dios al que adoramos sin apartarnos de nuestro credo. Corremos tras él como retardados.
Salmodia la gran mentira cada día o tarde o noche. Igual da cuando ya no se distingue.
Ahí llega el espanto, demonio ancestral para no dejarnos volver a cerrar los ojos por las próximas... ¿Cuántas horas? ¿Qué importa? ¿De qué sirve contarlas?
En vano cuando nunca terminan porque siempre empiezan con una gran mentira y se derriten para hacernos dar cuenta de que con ellas nos estamos volviendo inexistentes, vanos. Una hora más, alguien más que pasa por la ventana, alguien más que se desvanece en esta nada. Nada Tiempo para las horas, Nada espacio para las almas que mutan en cuerpos avejentándose.
Por eso que eternamente despertar es el infierno. Prender la luz y esa foto en sepia que se proyecta en la pared, mejor dicho... desde la pared.
Respirar sepia y decir "Una hora más. Alguien más. Nada Tiempo. Nada Espacio. Y así continuamente" Cada día buscando una forma a la diapositiva, hija de la lluvia, de los caños de ¿quién sabe? harán dos años.
¿Qué habré hecho para merecer esto? ¿Quién soy yo para saberlo?
Si no hay castigo más tortuoso que aquel sin juicio previo, sin razón aparente.
Ya no importa no hay misterio. Por eso despertar eternamente es el infierno.
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